Me quejé…
Pensé que mi vida ni estaba bien, hablé entonces con Dios y:
Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí mis manos para trabajar.
Me quejé de soportar el ruido de mis hermanos, mas no agradecí por tener familia.
Me quejé cuando no había más de lo que me gustaba para comer, pero olvidé agradecer por tener qué comer.
Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno.
Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al buscar unos libros, pero no pensé en lo muchos que no tienen hogar donde tener las luces encendidas.
Me quejé por no poder dormir 10 minutos más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.
Me quejé por tener que trabajar al día siguiente, olvidando que muchos no tienen trabajo que les permita llevar sustento a su familia.
Dios me mostró en aquel momento la verdad y entonces comprendí lo ingrato que había sido con Él, y comencé a agradecerle todas las cosas por las que me había olvidado, y aún más por las que me había quejado.
Espero que tú no cometas el mismo error que yo estaba cometiendo.
“Donde desees ver el rostro de Dios, lo verás. Y si no quieres verlo, no hace la mínima diferencia, siempre que tu obra sea buena”.