*Magic Astrid Potter!!
La tradición que conocemos ahora en nuestro país es el producto de una mezcla milenaria que partió de las creencias que los pueblos indígenas tenían sobre la muerte.
Para los aztecas, esta fiesta se vinculaba con el calendario agrícola.
En la cultura náhuatl se consideraba que el destino de los hombres era morir, lo que fortalecía al dios Tonatiuh Sun 3 en su combate divino con las estrellas, símbolos del mal, la noche y la oscuridad.
Con la conquista y evangelización, estas costumbres se transformaron, por eso el 1 de noviembre se celebra la fiesta de Todos los Santos y el 2 de noviembre es el día señalado por la Iglesia para pedir de una manera especial por nuestros difuntos que murieron perdonados en cuanto a la culpa pero no en cuanto a la pena, con la cual Dios las purifica para que entren al Cielo.
La tradición perdura a través de las oraciones y los altares de muertos.
ALTARES DE MUERTOS
Un altar necesita una mesa y cajas para formar gradas que representan el pasado, el presente y el futuro, en donde se colocan los objetos de cada etapa.
Abajo se pone lo que les gustaba a los difuntos, ropa o artículos personales; en medio los alimentos y las flores, y arriba las veladoras y tres calaveras que simbolizan la Santísima Trinidad, esperando que pronto alcanzen el descanso eterno después de vagar por el purgatorio para purificar su alma.
Se adorna con papel de china picado en color rosa mexicano que simboliza alegría de recibir al difunto y morado por el luto y tristeza de su ausencia.
Para guiar al difunto al altar se coloca un camino de pétalos de flores de cempasúchil y veladoras.
Se debe poner un brasero donde se queme copal o incienso y un símbolo cristiano como una cruz de ceniza o sal para ahuyentar los malos espíritus.
Agua para que el difunto se limpie el polvo del más allá.
Un espejo para su arreglo personal.
Un vaso con agua y otro con tequila o bebida preferida del difunto.
Pan de muerto, cazuelas con mole, atole, dulces típicos, etc.
En la parte superior y al centro se coloca la fotografía del difunto, acompañada de estampas o imágenes de santos, etc.