Después de una larga y tupida lluvia, que vino cayendo desde las primeras horas de la mañana y se quitó hasta casi el atardecer, después de un cielo nublado y un ambiente lleno de melancolía y nostalgia, apareció entre las nubes que se disipaban, un resplandeciente sol que vino a aclarar y embellecer este día que parecía no terminaría nunca. Así es como después de la tormenta siempre vuelve a brillar el sol, aún por muy larga e intensa que ésta haya sido. Así es como me siento. Cómo después de mi profunda soledad, los días tristes y las noches vacías, he encontrado el sol. Me siento muy feliz, a pesar de que soy una persona muy desconfiada y que seguido puedo dudar de la veracidad de lo feliz que me ha venido sucediendo. Pero creo que debo disfrutarlo. Aunque sea fugaz. Aunque dure sólo un momento, aunque pueda ser mera fantasía, tengo que disfrutarlo al 100% Porque esto quizá un día termine, nada es eterno. Con mayor razón, es por eso que debo gozarlo. Aún así, me siguen gustando los días lluviosos, mirar la lluvia en la ventana o atrás en el patio, como cae sobre las azoteas de las casas. y es en estos días de lluvia cuando me siento más inspirada y melancólica. Me viene la nostalgia de sucesos pasados. Me fascina que llueva, siempre y cuando no frustre mis planes si tengo que salir, pero admito que estando fuera bajo la llovizna, se logra en mí un efecto de catarsis, que es una experiencia interior purificadora, de gran significado interior, provocada por un estímulo externo: días de lluvia.