Martes, 22 de marzo de 2011

Con motivo del D?a Mundial del Agua, les dejo un video que nos hace reflexionar sobre el cuidado del agua... Si tienes problemas para visualizarlo, o tu computadora no tiene sonido, te dejo el texto de "La ?ltima gota", reflexi?n de Mariano Osorio, que es la que se narra en el video.

Aquella ma?ana parec?a ser como cualquier otra; la ciudad despertaba lentamente; las luces de ne?n desaparec?an y las marquesinas se iban apagando como velas que se consumen.

Los trasnochadores hu?an de los primeros rayos del sol y el sonido de la gran ciudad iba creciendo a cada momento, como un palpitante coraz?n que activa su ritmo ante el esfuerzo f?sico.

Sin embargo, no ser?a como cualquier otra...

Cerca de las 11:00 de la ma?ana, las amas de casa que lavaban trastos y ropa, notaron que el chorro de agua que flu?a incesante por el grifo, decrec?a y se apagaba. Algunas maldijeron, otras se lamentaron gimoteando; no falt? la que golpeara los tubos y las llaves, y las m?s, se encogieron de hombros... "ya volver?..."

La comida estuvo tarde, los trastos no pudieron lavarse; en la calle no se vendi? comida y los puestos de aguas frescas agotaron sus existencias. Los sanitarios se empezaron a convertir en un problema, pero a pesar de todo aquello, exist?a la esperanza; "volver?", pensaban.

El tercer d?a todos asistieron al trabajo sin ba?arse. Los transportes y las oficinas ol?an mal, y muchos restaurantes tuvieron que cerrar; y los enfriadores, as? como los equipos de aire acondicionado, no trabajaron. En los supermercados, las latas de jugo, de conservas y los refrescos se agotaron en las primeras horas de la ma?ana. Por supuesto, escase? la leche hasta desaparecer.

En las calles empezaron a quedarse detenidos algunos autom?viles por falta de l?quido. El tr?nsito para las primeras horas de la tarde, se detuvo por completo. El agua no volv?a. La gente pens? en todo para conseguir el vital l?quido. Secaron los tinacos con esponjas; sacaron el agua de los radiadores de los veh?culos; rompieron las tuber?as para chupar hasta las ?ltimas gotas, y por ?ltimo, recurrieron a las alcantarillas y las coladeras; a los charcos y a las zanjas.

Al quinto d?a, la asistencia a los trabajos fue nula. Aquello se hab?a convertido en un problema tan grande que nadie se pod?a dar el lujo de pensar en otra cosa que no fuese el agua. La ciudad apestaba. El olor que desprend?an las casas y las calles era nauseabundo. Por todas partes se encontraban desperdicios, excremento, basura...

Muchas personas empezaron a emigrar a otras partes en busca del agua. Siempre en busca del agua. La ciudad empezaba a morir r?pidamente. Se encontraba totalmente paralizada. Los caminos obstruidos por cientos de veh?culos inservibles...

Para el s?ptimo d?a, la ciudad era s?lo podredumbre y devastaci?n. El ?xodo comenz? a generalizarse y por las carreteras se ve?an miles de personas emigrando a otras ciudades, con la esperanza de encontrar agua.

No hab?a luz ni servicio en los tel?fonos; las comunicaciones estaban interrumpidas por el personal que abandonaba sus puestos. No hab?a vida posible.

En el noveno d?a, no quedaba habitante alguno en la ciudad; todos la hab?an abandonado. La peste lo inundaba todo. El aire era irrespirable.

La era del agua hab?a terminado por fin...

Ya no habr?a m?s personas que lavaran d?a tras d?a, sin necesidad; ni quien se exprimiera los barros frente al espejo mientras el agua se consum?a en el lavabo. Ya no m?s duchas tranquilas de veinte y treinta minutos con agua caliente, mientras casi se dorm?an en la regadera o en la tina; ya no m?s lavadas de trastos con grandes cantidades de agua; ya no m?s mangueras abiertas serpenteando sobre la acera, olvidadas mientras el l?quido corre. Ya no m?s fugas de agua de las que nadie hace caso. Ya no m?s...

Pasados doce d?as, un hombre sudoroso y con la ropa hecha girones, se acerc? a la ciudad. Tras ?l, una mujer con un ni?o en brazos. Trastabillaban. Llevaban los labios partidos por la sed. Sus ojos se hund?an; los huesos de sus caras sobresal?an desmesuradamente. El hombre, primero en llegar, se cubri? la nariz con una mano; el olor daba n?useas... Cay? de rodillas a la mitad de la calle, la mujer lleg? hasta ?l, sollozando desesperada. "?No es posible!" grit? ella, aferr?ndose a los hombros de su esposo. "S?", contest? el, resignado. "El agua se ha terminado en todo el mundo para siempre", alcanz? a decir al tiempo que ve?an a su peque?o hijo morir deshidratado en sus brazos...

En nuestras manos est? el destino del mundo...

?

?Cuidemos el agua!


Publicado por Astrid-Potter @ 12:00 AM  | Reflexiones
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